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La pasada fue la semana de los
que más saben: los sabios del
jazz. Primero fue José Duarte,
pionero de la crítica de jazz en
Europa, a quien se rindió
homenaje multitudinario en el
teatro San Luis lisboeta con
motivo de los 40 años de sus
Cinco minutos de jazz
radiofónicos; y 35, que son los
que lleva Juan Claudio Cifuentes
realizando Jazz porque sí, ahora
en Radio Nacional.
Las Jornadas de Jazz de Melilla,
también de aniversario (se
cumplía la décima edición), se
rindieron a la elocuencia y
sapiencia jazzística de Cifu en
un acto que convocó a público y
autoridades, lo que es novedad.
Entre los últimos, el presidente
de la Ciudad Autónoma, Juan José
Imbroda, quien hizo entrega al
homenajeado del trofeo
correspondiente. El acto,
entrañable, cargado de
significado, dejó al popular
speaker sin habla: algo que ni
los más viejos
recordábamos.
Empeñados en proyectar una
imagen del lugar bien distinta a
la que viene siendo norma, los
organizadores del asunto,
vinculados a la Universidad
Nacional de Educación a
Distancia,
sección local, se trajeron a una
big band cinco estrellas, la del
saxofonista Bob Sands: 17
músicos de primer nivel, con sus
instrumentos y los aparatajes
propios de su oficio, ocupando
un avión de los que cubren la
línea entre el emplazamiento
norteafricano y la península,
casi al completo. Proeza
semejante, de una magnitud que
sólo alcanza a quien se halla
familiarizado con la difícil
realidad melillense, tuvo su
recompensa con un concierto
deslumbrante para el que se
habilitó el Palacio de Congresos
de la villa.
Sin medias tintas. Groovin hard,
de Buddy Rich, para abrir boca,
y lo que vino después: un
vendaval del mejor jazz
orquestal, el acelerador pisado
a fondo y, de cuando en cuando,
la muestra solista que confirma
el talento ya reconocido -Bobby
Martínez- o el por reconocer,
caso del guitarrista Israel
Sandoval.
Los clásicos sonaron como si su
música hubiera sido concebida
anteayer: de Kenny Dorham a
Count Basie, su música y la de
quienes sirvieron en su
orquesta, como Sammy Nestico o
Frank Foster. Y, como postre,
más Buddy Rich (Love for sale).
Distante y próxima, la ciudad de
Melilla fue, por una noche, la
capital jazzística del Estado
anticipándose a un
reconocimiento que no será el
último que se le tribute a Cifu.
Motivos sobran. |
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